Siendo una mañana alegre, en el jardín principal de Comonfort,
Gto. con su kiosco todo engalanado y colorido para arrancar con las fiestas
patrias, y la población en el ambiente del festejo a la Virgen de los Remedios
patrona del lugar. Nos encontramos con una deliciosa variedad de alimentos, que
muestran orgullosos los habitantes conocedores de las tradiciones gastronómicas
que han heredado como símbolo de la fortaleza de una cultura que se ha negado a
desaparecer, y que al contrario, se fortalece en estos tiempos en que es de
suma importancia volver la vista hacia nuestras raíces para tener seguridad en
nuestro actuar en el futuro.
Fui invitada como jurado por el Instituto de Cultura del Estado
de Guanajuato en el concurso de comida Otomía para probar cada uno de los
alimentos que se presentaban aquí, invitación que siempre recibo con mucho
gusto, ya que es abrirse a nuevos conocimientos, conocer lugares, interactuar
con personas tan interesantes y probar novedosos sabores a mi paladar, así como
retroalimentar el espíritu con las enseñanzas de mis anfitriones. Este año me
tocó visitar Comonfort, una población que he visitado en diferentes ocasiones,
con diversos motivos, que siempre me ha sorprendido por el gran movimiento
comercial del que goza, la conservación de su arquitectura y la amabilidad de
su gente.
Pero volvamos a nuestro punto de interés, el probar y
deleitarnos con los sabores de su comida, conocer los detalles históricos familiares
y por que no, descubrir algunos secretos culinarios que hacen únicos a cada
platillo.
Una característica de este concurso es que no se premian
solo a tres platillos, ni siquiera a cinco, ¡sino a veinte! Esfuerzo conjuntado
por el gobierno del Estado junto con el municipio, para crear más interés en la
participación, ya que así, hay mas probabilidades de llevarse un premio y se crea
un ambiente de entusiasmo y expectación por llevarse el codiciado galardón. Y se cumple el objetivo, ya que
salen a lucirse platillos únicos, puesto que los concursantes escarban en lo
mas profundo de su herencia familiar para sorprender al jurado, y así se rescata
y conserva la identidad de un pueblo orgulloso.
Pero ahora les voy a contar mi experiencia, ya que conocí
personas muy valiosas para su comunidad, Como a Elia Guerrero que me deleito el
paladar, ya que solo el acercarme a su propuesta me alegró el alma, sólo de la
vista me di cuenta que me transportaba a una fiesta de rancho, puesto que
mostraba sólo dos platillos, un arroz con fideo y un mole encacahuatado, que
dicha combinación solo en eventos sociales de gran importancia se ofrecen en mi
región, no sólo cabe resaltar el sabor de este alimento, también el entusiasmo
de la participante, que venía engalanada con un vestuario ritual pintado por
ella misma.
Uno de los platillos que en un principio llamaron mi
atención fue el de Xoconostles rellenos de semilla de calabaza, presentados por
Antonia Sánchez, ésta propuesta muy local dejaba en el paladar un gusto diferente
ya que la combinación de sus ingredientes, y el tipo de preparación daban un
gusto en la boca de sabor añejo, que te transportaba a esas cocinas de nuestros
ancestros, imaginándonos con el fogón al fondo que dejaba impregnado los
saberes en sólo unos cuantos ingredientes.
Probamos también una preparación muy sencilla, pero muy gratificante al paladar, el famoso “Capón de campo” que con ingredientes locales, pero muy atinados en su combinación, nos ofrece un caldo que levanta el ánimo de quien lo consume. Alimento muy socorrido en el bajío que habla del apapacho que nuestras abuelitas mandaban a sus maridos trabajadores para que continuaran con la faena diaria.
La comida otomí mantiene esa magia de que varios de sus
platillos son alimentos rituales, que se dan en las velaciones que anteceden a
las festividades locales y entre ellas pudimos probar el Atole Negro de Cáscara
de Cacao, que de manera muy atinada, don Héctor Laguna nos presentó, primero
mostrando sobre un metate los ingredientes, explicando que el color se debe a
que la cáscara de cacao se tuesta a tal punto que queda carbonizada, cuidando
de no pasarse para que la consistencia quede a su punto, también nos explicó
que ese atole se ofrece en las velaciones que se hacen durante la noche
anterior a la fiesta de la Virgen de los Remedios, tradición muy de nuestro
pueblo guanajuatense, que es una actividad ritual que aglomera a concheros no
solo locales, sino de varias partes de la República.
Dentro de los alimentos rituales también tuvimos la
participación de una estudiante, a Hannia Ortega, que nos presentó unos Tamales
que se elaboran para la ofrenda del día de muertos., estos son rellenos de
frijol, con salsa de chiles de la región y queso, lo rescatable no solo es el
platillo y su elaboración, sino el interés que demuestra esta joven por elaborar
platillos familiares y me explicó la importancia del tamal agrio en estas
fechas, que es la relación entre la vida y la muerte además de la purificación
del alma que viene de visita a su altar, fue su abuelita, Doña Rosario Rico
quien le enseñó la elaboración, también le transmitió la importancia que empieza
desde el nixtamal, el molido y la hora quince que lleva su cocción.
Un alimento que yo anteriormente probé en la punta de un
cerro y que es parte de la gastronomía local y se prepara con pocos
ingredientes pero que de forma muy atinada se cuece a las brazas, lo encontré aquí
en este concurso, alimento sencillo pero de exquisito sabor, son los nopales en
su penca, que nos presentó Patricia Gómez, en que la combinación de
ingredientes como unos nopalitos tiernos, jitomate, cebolla, ajo y cilantro,
todos cocidos al vapor dentro de una carnosa penca recolectada exprofeso para
este concurso, hummm, no tiene rival, cabe señalar que también Doña Paty presento
un atole de Puzcua, ¡que caray!, estaba en su punto y que conservaba el aroma
de la leña en que fue preparado, este alimento es muy socorrido en la región ya
que solo es agua y maíz, pero que dentro de la gastronomía local se toma no
solo como alimento, sino también de manera medicinal, puesto que resulta de
alivio para diversos síntomas.
Este concurso de comida otomí fue un abanico de sabores, colores, texturas, saberes y participación sin igual, donde encontramos desde salsas elaboradas con mezquite, o con xoconostle, o con ¡chapulines!, probamos varios atoles como el de cacao, el de puzcua o el de garbanzo, Agua fresca de bugambilia, de cajeta o de nopal con lima; Pico de Gallo, Quesadillas de Huitlacoche, calabacitas rellenas, tortitas de huazontle, Mole casero, un Ceviche con nopalitos, Carne de Puerco en salsa verde o en chile morita, y hasta ¡tortitas de camarón! en fin, dicen que el cielo es el límite, y bajo el cielo de Comonfort sabemos que su gran variedad gastronómica no tiene fin.
Nos despedimos de este hermoso pueblo con un gran sabor de boca (literal), caminando por varias de sus calles, disfrutando aún del ambiente dominical que sólo un pueblo del bajío puede ofrecer, agradezco la invitación que Javo Rodríguez encargado de Culturas Populares en el Centro de las Artes de Guanajuato, me hizo para participar en este evento tan trascendental.
Comonfort Guanajuato a 1 de Septiembre de 2024












